Esas cosas del Internet

Cuando Arthur C. Clarke creó el personaje de HAL 9000, el robot neurótico de “2001, una odisea del espacio”, jamás pudo imaginar que algún día sus más retorcidas fantasías robóticas serían superadas con creces y que no mucho después de su muerte, las máquinas controlarían el mundo, por lo menos en la práctica.

James Cameron también fantaseó con una rebelión de robots unos cuantos años después de la película de Kubrick, pero no son sus cyborgs asesinos los que nos inquietan (por ahora) sino una interminable legión de relojes, ordenadores, licuadoras, teléfonos móviles, cepillos de dientes, hornos eléctricos, televisores, zapatillas, refrigeradores, guantes, lámparas, bicicletas y coches inteligentes que nos observan y miden comunicándose entre sí, aparatos teóricamente inofensivos que rastrean nuestra forma de comportarnos y nuestros movimientos, que memorizan nuestros gustos y debilidades, convirtiéndolas en miles de billones de terabytes de datos alojados en el ciberespacio. Eso que eruditos y neófitos (yo soy de estos últimos) hemos dado en llamar “el internet de las cosas”.

Esto no es ciencia ficción. Esto es algo que está sucediendo ahora mismo, mientras lees este artículo, mientras pierdes el tiempo en un atasco o te tomas un café en Starbucks. Y el mega tsunami de datos, de Big Data, que los humanos estamos produciendo en solo dos días, ya es mayor que toda la la información creada por la humanidad desde la edad de piedra hasta el año 2013.

“Cuando algo es gratis, el producto eres tú”

A diferencia de lo que pasaba con nuestros padres o abuelos, ahora, casi todas las decisiones que tomamos en nuestro día a día, incluso las más ridículas, ya sea llegar tarde a la oficina, sacar dinero de un cajero automático, mirar esa foto en bikini de tu sobrina en Facebook, pasar el semáforo en ámbar, enviar un tweet del que luego te arrepientes y lo borras o ir a orinar al baño del shopping, todo, absolutamente todo, queda almacenado en “la nube”, esa suerte de limbo digital que nos conoce más que nosotros mismos.

Alguien o algo “procesará” todos nuestros metadatos y los convertirá en patrones de conducta y, eventualmente, en dinero. Hace poco, varios científicos del MiT, el Instituto de Tecnología de Massachussets, determinaron que ya es posible identificar a cualquier persona a partir de datos anónimos solamente con los patrones de uso de sus tarjetas de crédito.

Estamos en el umbral de una era maravillosa y aterradora en igualdad de proporciones, siempre dependiendo de cómo elijamos verlo y de cuán vulnerables seamos ante nuestra absoluta desnudez.

Esa desnudez significa que nuestra vida privada, nuestra seguridad y también nuestra reputación, estarán para siempre en manos de un gigantesco conjunto de máquinas. Esto es así, te guste o no.

Significa que las futuras máquinas que procesen todos esos datos desarrollarán capacidades que hoy solo podemos imaginar en la ciencia ficción: desde anticipar crisis financieras hasta predecir crímenes. Bueno, esto último ya está ocurriendo

Significa que se inventarán docenas de nuevas profesiones relacionadas con el análisis de la información y la “minería de datos”.

Y que docenas de profesiones actuales desaparecerán para siempre y, junto con ellas, millones se quedarán sin trabajo. Significa también que los hackers podrán llegar a tener tanto poder y ser tan peligrosos como los capos de los cárteles de la droga y el propio Bin Laden.

Y sobre todo significa que deberás tener mucho cuidado con lo que haces y con lo que dices, porque siempre habrá alguna cámara observándote, algún procesador analizándote y algún sensor electrónico midiéndote. Por eso, más vale que te prepares para lo que viene, te relajes y disfrutes. Porque el Internet de la Cosas y el Big Data llegaron para quedarse. Algunas cifras ilustrativas.

  • Cada dos días creamos tanta información como la generada desde el inicio de los tiempos hasta el año 2013
  • Más del 90% de toda la data del mundo, fue creada en los últimos dos años
  • La cantidad de datos registrados y almacenados por la industria se duplica cada 1.2 años
  • Se espera que la cantidad de información existente crezca más de doce veces de aquí al 2020.
  • Cada minuto enviamos más de 200 millones de emails, generamos casi 2 millones de likes en Facebook, enviamos casi 300 mil tweets y subimos 200.000 fotos en Facebook
  • Google procesa más de 40.000 búsquedas cada segundo.
  • Cada minuto subimos unas 100 horas de video a youtube. Nos tomaría 15 años ver todos los videos subidos en un solo día.
  • Cada minuto ser crean casi 600 nuevos websites
  • Sólo en 2015 se crearán más de 5 millones de trabajos relacionados con el Big Data y el Internet de la cosas
  • Se estima que para el año 2020 el número de aparatos conectados a internet llegará a los 50 billones

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